Stephenson Neal - En El Principio Fue La Linea De Comandos Doc
Stephenson Neal - En El Principio Fue La Linea De Comandos Doc
http://www.ciencia-ficcion.com/limites/lm0101.htm
Neal Stephenson
T?tulo original: In the Beginning was the Command Line
A?o de publicaci?n: 1999
Editorial: altediciones
Colecci?n: Mapas
Traducci?n: Asunci?n ?lvarez
Edici?n: abril de 2003
ISBN: 84-932982-2-0
Precio: 9,5 EUR
Comentarios de: Francisco Jos? S??er Iglesias
Aunque me resulta f?cil entender el af?n de autojustificaci?n que tienen muchas personas, no me resulta tan sencillo comprender porque en ocasiones esa autojustificaci?n viene acompa?ada por el desd?n hacia quienes no siguen a pies juntillas los caminos del autojustificante. EN EL PRINCIPIO FUE LA LINEA DE COMANDOS es la autojustificaci?n de Neal Stephenson respecto a su posturas tecno-ideol?gicas, del porque usa Linux, porqu? toca Windows de cuando en cuando, de porqu? tiene tan mala consideraci?n respecto a los sistemas de Apple y porqu? le admiran otra serie de sistemas operativos menos conocidos. Que se hable con gracia y amenidad de unas cosas y otras es siempre interesante, todo el mundo tiene algo que aportar y ciertos puntos de vista llegan a ser instructivos, pero lo que no se puede consentir es el poso de cuasi desprecio que se desprenden de muchos p?rrafos de ?ste ensayo.
En esencia, la lamentaci?n fundamental de Stephenson respecto a los sistemas operativos comerciales es que ocultan al usuario toda la complejidad de la m?quina que los soporta, como si eso no ocurriera con el 99% de las herramientas que usan los humanos en el d?a a d?a, y lo malo de esta idea es que es compartida por muchos inform?ticos que echan pestes de las bonitas pantallas llenas de botones y ventanas y evangelizan casi con fanatismo ciego sobre las bondades de esa l?nea de comandos, cr?ptica y no menos exasperante que cualquier otra forma de interactuar con un ordenador, una m?quina de tal complejidad que ni siquiera los ingenieros que dise?an alguna de sus partes tienen conocimientos suficientes como para llegar a comprender el todo.
Stephenson y sus seguidores parecen olvidar, e incluso parecen ocultar, que la historia de la ingenier?a se reduce a simplificar la forma en la que los humanos interact?an con las m?quinas. ?Es eso malo? Aparentemente, seg?n los seguidores de la l?nea de comandos si, idiotiza al usuario y le convierte en poco menos que un mono que pulsa botones a la espera que alguno deje caer un pl?tano, su ideal es que el mono busque cajas, las apile, las apuntale y gracias a la estructura construida sea capaz por si mismo de llegar a los pl?tanos. La cuesti?n es que no se paran a preguntar al mono que prefiere, si pulsar el bot?n o convertirse en poco menos que un arquitecto. En lo que a mi respecta la respuesta parece clara, ante todo, el mono quiere el pl?tano, y si para conseguirlo puede eludir las complejidades de la resistencia de materiales y la din?mica del equilibrio lo har?.
Por otro lado, aunque es uno de sus caballos de batalla, tambi?n soslaya sistem?ticamente el grado de metaforizaci?n que debe tener la relaci?n del hombre con la m?quina. Seg?n Stephenson la met?fora de los entornos gr?ficos alejan al usuario de su m?quina. Falaz. La propia l?nea de comandos es una met?fora del aut?ntico lenguaje de la m?quina, eso lo deja caer en algunos pasajes pero pasa de puntillas para introducir otras disgresiones, olvidando deliberadamente que lo que hace el ordenador est? tan lejos de la experiencia humana que hay que trasladar la interacci?n hombre-m?quina a algo que est? m?s cerca de la experiencia del hombre que de las capacidades de la m?quina, y en ese sentido, los entornos gr?ficos y sus met?foras son del todo imprescindibles.
Yo, personalmente, he programado ordenadores bit a bit, escribiendo previamente el programa en un papel, codific?ndolo a mano en binario y componiendo cada palabra (el concepto de byte se suele aplicar a las palabras de 8 bits, aquellas eran de 12 bits) en una hilera de pulsadores, una a una, valid?ndolas y grabando cuanto antes el resultado en una cinta magn?tica antes de que un accidente arruinara las horas de trabajo. Con todo, aquello era un entorno dactilar, un parche l?gico adosado en aquella m?quina de forma que se que evitara su m?s tedioso a?n m?todo original de programaci?n, el cableado de la l?gica del programa.
De entre la infinidad de internautas apenas unos pocos querr?a entrar en esa din?mica de locura, les importa bien poco c?mo est? programado su navegador, exactamente el mismo inter?s que tienen por saber como son las tripas de una batidora, si el navegador navega y la batidora bate est? todo bien, si no lo hacen, hay t?cnicos especializados que si saben que debe hacerse para que todo vuelva a la normalidad. Sin m?s preocupaciones.
A todo esto, Stephenson mezcla su adoraci?n por la l?nea de comandos con el movimiento del software libre. Este tipo de ensayos son quiz? los que m?s da?o hacen al concepto de software libre, sugieren alegremente que deber?a ser el usuario, destornillador en mano, quien solucionara sus propios problemas ante el ordenador, quitando y poniendo chips y dej?ndose las yemas de los dedos en luchas memorables contra los punteros de C. Bien est? que t?cnicos y curiosos tengan posibilidad de hacerlo, pero proclamar que deber?a ser el usuario, que desde hace algunos siglos ya no se hornea su pan ni se repara sus zapatos, quien se convierta en un experto en inform?tica de bajo nivel, hace huir espantados a miles de potenciales usuarios, amedrentados ante el mensaje y si algo se te rompe, tienes que arreglarlo con tus propias manos que es en lo que traducen el si algo se te rompe, y si quieres, puedes arreglarlo con tus propias manos original.
Independientemente de todo esto, EN EL PRINCIPIO FUE LA LINEA DE COMANDOS es un ensayo sobrevalorado, disperso, sin un objetivo concreto m?s all? de exponer las experiencias del propio Stephenson y que no llega a ninguna conclusi?n verdaderamente ?til si se except?a la asombrosa (o deliberada) incomprensi?n que demuestra Stephenson de la naturaleza humana, es decir, huir como de la peste de la complejidad.
(c) Francisco Jos? S??er Iglesias, 23 de mayo de 2004