Sir Owen Kent obró muy correctamente cuando, amenazado de muerte, contrató a un detective para que lo protegiera. Sin embargo, ya no fue tan correcto al esconder datos de vital importancia al investigador, ni al reunir a un buen número de enemigos en una habitación cerrada, el día señalado para su muerte. Así no hay detective capaz de impedir un asesinato, aunque tal vez éste si sea el mejor instrumento para descubrir al culpable.