Como poeta, pesea a haber vivido en plena época barroca del Conceptismo y Culteranismo, fue muy poco influido por estas tendencias y su estilo personal fue sencillo, claro, puro, dominando en especial una particular y rica sensibilidad descriptiva.
Es sobre todo conocido como uno de los mejores antólogos de la lírica del Siglo de Oro, en efecto, seleccionó y editó con muy buen gusto una Primera parte de Flores de poetas ilustres de España (Valladolid, 1605) que fue muy leída y contiene 240 composiciones de 63 autores diferentes, aunque ambas cifras varían según el ejemplar de que se trate. Si bien incorpora algunos autores menores por intereses y compromisos, destacan especialmente Góngora, con 37 poemas, Luis Martín de la Plaza, con 27, Quevedo, con 21, el mismo Espinosa y Lupercio Leonardo de Argensola, con 19 cada uno, Juan Valdés y Meléndez, con 9, Luis Barahona de Soto y Lope de Vega con 8, Baltasar del Alcázar y Juan de Arguijo con 6, y Agustín de Tejada con 5. La obra incorpora además como apéndice dieciocho traducciones (y no 16 como dice la protada ni 14, como dice la tabla) de odas de Horacio, la mitad realizadas por Bartolomé Martínez. El libro es uno de los peor impresos en la historia de la tipografía del Siglo de Oro, sin duda no por culpa del editor, sino de las prisas y el poco dinero, lleva aprobación del 24 de noviembre de 1603 y privilegio de impresión del 8 de diciembre del mismo año, pero tardó dieciséis meses en salir mientras llegaba el dinero del mecenas que costeaba la edición, el Duque de Béjar, también mecenas del casi simultáneo Quijote, ya que la tasa fue dada el 1 de abril de 1605.