Los cient?ficos, a veces con raz?n, se ponen nerviosos e incluso se enojan cuando fil?sofos, cr?ticos literarios o soci?logos quieren mostrar que la realidad natural es una construcci?n o una invenci?n cultural que contiene elementos mitol?gicos. En venganza, algunos cient?ficos --Alan Sokal a la cabeza-- han mostrado que la manipulaci?n de conceptos cient?ficos hechos por pensadores como Jacques Lacan, Julia Kristeva, Jean Baudrillard y otros, son meras imposturas intelectuales que s?lo revelan ignorancia.[i] La querella ha sido ?spera y ha provocado gran perturbaci?n en el avispero intelectual. Yo pretendo contribuir a la agitaci?n al invitarlos a dar un paseo por el Siglo de Oro espa?ol, una ?poca en que las relaciones entre las pr?cticas literarias y las cient?ficas ofrece un panorama significativo y estimulante. He escogido un tema de la ciencia m?dica que fue usado intensamente tanto por te?logos como por escritores y artistas. Me refiero al tema de la melancol?a, una noci?n cient?fica que tambi?n fue un mito fascinante.
Cuando los m?dicos se introduc?an en los aposentos del alma, para escudri?ar el funcionamiento del cerebro y los secretos de las enfermedades mentales, los te?logos se inquietaban y vigilaban con severidad los movimientos de los intrusos. Tambi?n eran sospechosos aquellos que pretend?an, en sus arranques m?sticos, abandonar la morada del alma, como Juan de la Cruz que escapaba durante la noche oscura, como dijo, estando ya su casa sosegada. Los m?dicos, al contrario, sol?an entrar a la casa en plena zozobra an?mica. El doctor Huarte de San Juan, con su Examen de ingenios para las ciencias de 1575, fue uno de esos m?dicos que se meti? en la casa del alma en su af?n por descubrir las causas materiales del comportamiento espiritual de los hombres. Su extraordinario libro no pas? desapercibido por la Inquisici?n, que oblig? a Huarte a expurgar considerablemente el texto de la edici?n de 1594. La teolog?a, sin embargo, se benefici? enormemente de las aportaciones paganas que explicaban el funcionamiento del cuerpo: la medicina hipocr?tico-gal?nica estableci? una explicaci?n ─,un paradigma, dir?a T. S. Kuhn─, que permaneci? esencialmente inmutable durante m?s de dos milenios en los m?s diversos espacios culturales y religiosos. Ello no quiere decir que no hubiese importantes discusiones y discrepancias entre los m?dicos, los te?logos y los interesados en la filosof?a natural. No obstante, la teor?a hipocr?tica proporcion? una resistente red de significados e interpretaciones, con un corpus bien establecido por Galeno, que permiti? la comunicaci?n entre m?dicos griegos, latinos, persas, germanos, italianos, franceses, espa?oles e ingleses, independientemente de las enormes distancias temporales, religiosas y culturales que los separaban. Ese corpus cient?fico, en cierta forma, oper? como un sofisticado aparato de traducci?n que permit?a la comunicaci?n entre m?dicos, escritores y otros pensadores, como astr?nomos o te?logos, e incluso entre cirujanos o boticarios y sus enfermos, que reconoc?an en las pr?cticas m?dicas una correspondencia l?gica con las experiencias cotidianas.