El olvido es necesario para la sociedad y para el individuo. Hay que saber olvidar para saborear el gusto del presente, del instante y de la espera, pero la propia memoria necesita tambi?n el olvido: hay que olvidar el pasado reciente para recobrar el pasado remoto. Este es el argumento principal de este libro que se presenta pues como un peque?o tratado sobre la utilizaci?n del tiempo.
Le he dado la forma de un curso en tres lecciones, pero no se trata de un verdadero curso ni pretendo dar lecciones a nadie. Simplemente, esta forma permite dirigirme m?s directamente al lector. En un tema semejante espero algo m?s que su atenci?n: su complicidad, deseo invitarle a comprobar con su propia experiencia la mayor o menor exactitud de las propuestas que avanzo.
La primera ?lecci?n? se pregunta, junto con los psicoanalistas, sobre la noci?n de ?huella mn?mica? y la relaci?n entre recuerdo y olvido. La segunda entabla un di?logo con antrop?logos y fil?sofos para comprobar la hip?tesis seg?n la cual todo se vive como un relato. La tercera intenta declinar, con ayuda de algunos novelistas, las tres figuras del olvido: el retorno, el suspenso y el reinicio.
Por fin, dada mi condici?n de etn?logo, recurro a mis propios recuerdos de observaciones directas o a la literatura etnol?gica para extraer la materia de las cuestiones a las que estos tres cap?tulos intentan dar respuesta. Se trata pues de un ejercicio de etnolog?a a la inversa puesto que, habitualmente, quienes son objeto de un estudio aportan respuestas pero no plantean preguntas.