En el ensayo LAS DOS RAZAS DEL HOMBRE divide a los hombres entre los que piden prestado y los que prestan. Los primeros son de gran porte y soberan?a de car?cter. Tambi?n se distingue en ellos a personas abiertas, confiadas y generosas. Los segundos nacen degradados y su `obligaci?n` es servir a su pr?jimo. Son personas mezquinas y suspicaces.
No hay nada como vivir de prestado para el respeto del pr?jimo.
En el ensayo QUEJA DE UN SOLTERO SOBRE EL COMPORTAMIENTO DE LA GENTE CASADA. Los casados se sienten seres superiores. Te miran por encima del hombro y piensan que ser?s un amargado en tus noches de viejo solter?n. Y encima son maleducados porque continuamente se demuestran ese gran amor que se tienen como si fueran personas especiales y elegidas (uno por el otro) Y te dejan bien claro que sus preferencias te excluyen. Cuando opinas algo sobre la vida dom?stica o familiar, sobre los ni?os que son unos pesados, te amonestan diciendo `y t? qu? sabes`.
En el ensayo DISERTACI?N ACERCA DEL LECH?N ASADO, dice, ?Miradlo en el plato, su segunda cuna, qu? apacible yace!. ?Hubi?rais permitido a este inocente crecer hasta la groser?a o la indocilidad que suelen acompa?ar a la marraner?a madura?
Antes que el pecado lo abrasara o la pena lo marchitara, lleg? la muerte con oportuno cuidado.
En el ensayo PARIENTES POBRES. Un pariente pobre es lo m?s irrelevante de la naturaleza. Un pariente pobre es un remordimiento en la conciencia, un recuerdo nunca bienvenido, un agujero en el monedero, un inoportuno hu?sped, un menoscabo al ?xito, una rotura en la ropa, una mirada reticente del vecino. Casualmente siempre aparece a la hora de comer.
En el ensayo LA SALUD DEL VERDADERO GENIO. No es cierto que entre los hombres de ingenio haya una estrecha relaci?n con la enfermedad mental, m?s al contrario, siempre se encontrar? en ellos a los escritores y creadores m?s sanos. La locura es la desproporci?n, mientras que el genio ha de domar las cosas, domarlas con su juicio, templar a las m?s poderosas tendencias y vicios. La base de esta equivocaci?n es que los hombres, al encontrar en los raptos de la alta poes?a una condici?n exaltada que no tiene paralelo con sus experiencias propias, fuera de las semejanzas esp?reas en sus sue?os y fiebres, imputan al poeta ese estado de enso?aci?n y fiebre. Pero el verdadero poeta sue?a despierto. No est? pose?do por su tema, si no que tiene dominio sobre ?l.
Agradable lectura de fino humor y cr?tica cotidiana que penetra en lo esencial con estilo aparentemente descuidado. Lectura aconsejable de principios del siglo XIX