La maroma o Rudens, es una de las piezas más largas conservadas de Plauto.
El desarrollo de la acción no deja de tener una cierta lentitud, pero es una obra dramáticamente bien construida, en la que, aparte de los elementos estrictamente cómicos, destacan secuencias líricas de gran belleza.
La comedia Rudens, que toma su nombre de la soga de las redes que arrastra el esclavo Gripo tras de sí después de la pesca de la maleta, motivo central de la obra. Más que una comedia, es un melodrama, al que, naturalmente, no le falta el happy end.
La acción se desarrolla esta vez en Cirene: el joven ateniense Plesidipo está enamorado de Palestra y entrega al rufián, su amo, una señal para comprarle a la muchacha, pero un cierto Cármides, natural de Sicilia, consigue convencer al rufián Lábrax de que coja un barco, meta en él todas sus riquezas, incluidas sus esclavas Palestra y Ampelisca, y se traslade a aquella isla, donde le asegura que podrá conseguir cuantiosas riquezas con su comercio. Una tempestad los sorprende en alta mar y los hace naufragar. Las dos jóvenes saltan a una lancha y son al fin arrojadas por las olas a la costa, ateridas y amedrentadas, son acogidas en el templo de Venus por la sacerdotisa.
La noticia llega a oídos del rufián, que, junto con Cármides, ha conseguido también salvarse del poder de las olas, e intenta entonces llevarse sacrílegamente a sus esclavas del mismo camarín de la diosa. Tracalión, el esclavo del enamorado Plesidipo, y Démones, un viejo ateniense que vive por allí cerca, consiguen poner a las jóvenes a salvo.
El episodio más característico de la obra es el de la pesca de la maleta del rufián por Gripo, esclavo de Démones, dentro de ella van no sólo todas las riquezas de Lábrax, sino también una arquilla con los dijes que llevaba Palestra en su niñez, antes de ser secuestrada en Atenas y venir a caer en manos del rufián.
En un cántico que recuerda al tristemente célebre cuento de la lechera, Gripo, en su entusiasmo, da cuenta de sus fantásticos planes. Pero Tracalión, el criado de Plesidipo, le ha observado y le sujeta con la soga de las redes que Gripo lleva arrastrando tras de sí. Después de una disputa sobre el derecho a la propiedad de la maleta, eligen un árbitro, el propio Démones, amo de Gripo.
La maleta es abierta y la arquilla con los dijes es entregada a Palestra, que reconoce así a Démones como su padre, se concierta la boda con Plesidipo. Gripo comunica a Lábrax que sabe el paradero de su maleta y se hace prometer con juramento la recompensa de un talento magno si se la entrega. Lábrax jura como de costumbre, pero luego se niega, como rufián que es, a dar la prometida recompensa. Por una nueva intervención de Démones queda solucionada la disputa: puede retener medio talento como pago por la libertad de Ampelisca, que será dada en matrimonio a Tracalión, y otro medio recibirá Démones por conceder la libertad a Gripo, que, junto con el rufián, es invitado a cenar por el propio Démones.
Nota:
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