En su deseo de ganarse el favor de su fragante esclava, el viejo se perfuma, aun cuando con ello da pie a las sospechas de su mujer Cle?strata, que huele la infidelidad de su marido, ella, como un perro, supo ser lo suficientemente astuta como para rastrear su enga?o y castigarlo.
La palabra Casina re?ne por medio de una anafon?a las palabras casia y canis, el nombre de la esclava, que es tambi?n el t?tulo de la comedia, contiene una clave del acontecimiento central de la trama: la sustituci?n del amor sensual prohibido, ansiado por Lisidamo (C??sina, asociada con el perfume), por el amor legal pero represivo, sancionado por las buenas costumbres (Cle?strata, asociada con un perro).
La sustituci?n redunda pues en la reafirmaci?n de la instituci?n del matrimonio, pero la comedia no pierde oportunidad de se?alarla, a su vez, como un castigo.
Algunos cr?ticos a hablar de Casina la describen como ?una comedia de las metamorfosis?.